*La matanza ocurrió en medio amenazas contra pescadores, crisis de agua potable y creciente temor por presencia de estructuras criminales.
La noche previa al Día de las Madres terminó convertida en una escena de guerra en Pueblo Viejo, Magdalena. Lo que para decenas de familias era una reunión de barrio marcada por música, licor y conversación, terminó en cuestión de segundos bajo una lluvia de disparos que dejó cuatro muertos, dos heridos y una comunidad sumida en el miedo.
El ataque ocurrió en el corregimiento de Palmira, una población enclavada entre la Ciénaga Grande y el corredor que conecta a Santa Marta con Barranquilla.
Allí, en el barrio La Esperanza, varias personas compartían en plena vía pública cuando hombres armados irrumpieron en motocicletas y comenzaron a disparar indiscriminadamente. Las víctimas quedaron atrapadas.
Según versiones recopiladas entre habitantes de la zona, los atacantes abrieron fuego sin mediar palabra contra todo el grupo reunido. Algunos intentaron correr, otros buscaron refugio detrás de paredes y motocicletas, pero la ráfaga de tiros terminó alcanzando a varias personas en plena calle.
La escena posterior al ataque todavía persigue a quienes estuvieron allí.
Cuerpos tendidos sobre el pavimento. Personas heridas pidiendo ayuda. Familiares corriendo desesperados hacia improvisados vehículos para trasladar a los lesionados. Gritos. Sangre. Confusión.
Cuando llegaron las primeras patrullas, cuatro personas ya habían muerto. Dos más permanecían heridas.
La masacre ocurrió en un contexto particularmente delicado para Pueblo Viejo y sus corregimientos. En las últimas semanas, las comunidades venían denunciando una profunda crisis por la falta de agua potable, al tiempo que pescadores de la zona alertaban sobre intimidaciones y amenazas para impedirles salir a trabajar en sectores de la Ciénaga Grande.
Por eso, para muchos habitantes, el ataque armado terminó convirtiéndose en la confirmación de un temor que llevaba semanas creciendo.
“La gente aquí vive con miedo”, relató un residente del sector consultado tras la matanza. “Primero fueron las amenazas, después comenzaron los rumores y ahora pasa esto”.
Varias personas en Palmira aseguran que algunas de las víctimas se dedicaban a labores de pesca y consideran que la violencia que golpea al municipio ya desbordó cualquier frontera entre disputas criminales y población civil.
Pueblo Viejo, históricamente afectado por la pobreza y la débil presencia institucional, se ha convertido en un territorio sensible por su ubicación estratégica entre zonas de movilidad ilegal, economías criminales y corredores utilizados por estructuras armadas en el Caribe.
El comandante de la Policía Metropolitana de Santa Marta, coronel Jaime Ríos, confirmó que las primeras líneas investigativas apuntan hacia integrantes de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra, también conocidas como Los Pachenca.
Según explicó el oficial, la reacción policial se produjo pocos minutos después del ataque y permitió capturar a cinco presuntos responsables, además de la incautación de dos armas de fuego.
“Estas personas tienen antecedentes y, según información de inteligencia, pertenecerían a Los Pachenca o Conquistadores de la Sierra”, señaló el coronel Ríos.
Los detenidos serán presentados ante un juez por el delito de homicidio agravado.
Aunque las autoridades manejan como hipótesis principal un posible ajuste de cuentas entre estructuras criminales, en Palmira persiste otra lectura: la de una comunidad que siente que la violencia comenzó a afectar a familias trabajadoras y a civiles atrapados en medio de una confrontación armada que crece en varios municipios del Magdalena.