Historia No. 6
De la muerte a la vida,
Del pecado a la Gracia
Por: Presbítero Carlos Mario Gallego Duque
Prelatura Apostólica Corpus Christi-ICAB en Colombia
«Y el Señor tomó mi ser, mi miseria humana para transformarme». Nací en un hogar Católico, de Misas, Rosarios, acogido a los Sacramentos y con temor de Dios. Mi papá hacía parte de las Fuerzas Militares de Colombia. Y mi mamá era una mujer abnegada, sumisa, mujer hecha para criar hijos por el Camino de Jesús y María.
En mi hogar lo teníamos todo: comida, ropa, juguetes, estudios, paseos, mecatos y una mesada dominical para mecatear. Mi niñez fue normal, era un niño muy tímido en la escuela.
Los domingos asistíamos a la Misa, desde esos tiempos me gusta escucharla, me parecían los Sacerdotes algo así como Dioses o Príncipes. Desde mi adolescencia tuve preferencias por profesiones, tal vez vocaciones por el servicio a los demás. Me formé en la Normal Nacional Piloto de Medellín, destacándome como un muy buen pedagogo.
Trabajé 35 años en el magisterio colombiano, en la actualidad soy pensionado como maestro.

Después de terminar mi Bachillerato Pedagógico sobre el año 81, ingresé al Seminario: Teologado Javerianos de los Misioneros de Yarumal, allí complete mis estudios de Filosofía, tres años. Estuve dos años entre Buenaventura y las selvas del Vaupés donde realicé el Noviciado. Las selvas me regalaron un fuerte paludismo .
Al regresar al Teologado Javeriano me enviaron a Ecuador, en la Ciudad de Cuenca, para realizar estudios de Teología y prácticas Pastorales donde me desempeñé como Coordinador de Pastoral Vocacional durante 2 años.
Sobre el año 87, por situaciones económicas, me retiré de la comunidad de los Javerianos y me vinculé con el Magisterio colombiano. Trabajé en los municipios de Ituango, Briceño y Medellín.
Siempre me desempeñé en cargos Directivos: Coordinador y Rector .
Lideré el Proceso de Convivencia Escolar en la I.E Gilberto Alzate Avendaño, engrandeciendo y creciendo en niveles buenos sobre las relaciones escolares y ciudadanas.
El Magisterio engrandeció mi vida personal y académica: Tecnólogo en Educación, Licenciado y dos especializaciones en Pedagogía y Educación Religiosa. Mi vida creció y se llenó de amor en los servicios a los demás. Pero era inevitable el llamado del Señor.
Desde niño, al ingresar a las Misas, mi cuerpo sentía paz, tranquilidad, un gran gusto al ver a los sacerdotes revestidos, me hacía pensar muchas veces: ¿seré un sacerdote, un misionero? Soñaba con eso en mi casa.
A pesar de mis años y por todo el tiempo de la vida en el Magisterio se abrieron nuevamente las puertas del llamado al Servicio Sacerdotal, a pesar de mi salud he venido caminando como Sacerdote en Caucasia, Antioquia, con la Prelatura Apostólica Corpus Christi ICAB en Colombia, en una tarea de Evangelización sostenida por La Morenita, la Virgen de Guadalupe, que me acompañó durante varios meses esperando la muerte. Ella es mi principal sostén para llegar a Jesucristo .

Mi vida cambió totalmente, soy un hombre nuevo, transformador, con un sentido de vida claro:
El Servicio desde el Evangelio.
He tenido un gran apoyo de mi familia y comunidad de Iglesia, me levanté de la muerte, de mis dudas, de mis debilidades, a pesar de mis años el Señor me ha dado las nuevas fuerzas de la Fe.
Soy el guía espiritual, el amigo, el misionero, el acompañante de enfermos, de hombres y mujeres que buscan una palabra de aliento, soy el Padre que soñé desde niño, mi vida se engrandeció y a pesar de muchas noches largas y de intensos dolores siempre me levanto con alegría, fe, amor.
Organizo matrimonios, bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, todo previa preparación.
Vivo con amor el Santo Rosario compartido con familias y lo mejor de mi vida: la Celebración de la Eucaristía, especialmente los domingos, que siempre es una fiesta en la Misión Camino a La Morenita.
Mi mensaje de amor, de paz, de compartir con los otros es para los jóvenes, para quienes inician la vida.

Como Misión hemos entrado al corazón del asentamiento Santa Elena, lo que me llena de alegría y plenitud sacerdotal.
A Dios, a Cristo, a La Morenita, a mi familia de sangre, pero también a mi familia de Caucasia, a todos (as) los que les escribo a diario, Dios les pague.
Por mis años y mi enfermedad he aceptado ser un soldado de Cristo en la Evangelización del mundo. «Aquí tienes Señor mi alma silenciosa para que hagas de ella tu morada».