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Economia

Diez pasos para crear productos innovadores que rompan esquemas en 2026

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Con el 50% de los ingresos globales de 2026 proyectados en productos que aún no existen, la innovación deja de ser una opción para convertirse en un requisito de supervivencia. Conozca la hoja de ruta de ESDESIGN para transformar la creatividad en soluciones rentables que mejoren la vida del usuario.

Con exportaciones creativas de 1,4 billones de dólares, el diseño estratégico es hoy el único requisito de supervivencia para las marcas

Si pensabas que tener una idea genial era suficiente para lanzar un producto exitoso, piénsalo otra vez. Hoy, la verdadera innovación no se trata solo de creatividad, sino de convertir una idea en una solución viable, deseable y relevante para el usuario.

El diseño de producto se consolida como una disciplina estratégica donde convergen creatividad, análisis funcional y visión de negocio, capaz de transformar buenas ideas en productos rentables y memorables. Los datos refuerzan esta visión.

Según Design Your Way, el 82% de los ejecutivos considera la creatividad la habilidad empresarial más crucial, pero el 75% de los trabajadores siente presión por priorizar la productividad sobre el pensamiento creativo, evidenciando una brecha crítica entre discurso y práctica.

En un mercado saturado, la innovación trasciende la novedad para enfocarse en resolver problemas de forma más eficaz y atractiva que la competencia. Como señala Elena González, docente de la Escuela Superior de Diseño de Barcelona (ESDESIGN), “un producto innovador es aquel que mejora tangiblemente la vida del usuario y sostiene ese valor en el tiempo”.

Esta evolución, impulsada por consumidores que priorizan las experiencias y el significado sobre la simple funcionalidad, ha convertido al diseño de producto en una herramienta estratégica que combina viabilidad técnica y propósito para liderar la transformación de las industrias.

Aquí te dejamos los 10 pasos reales que siguen los productos que triunfan en el mercado (y cómo aprovecharlos):

Identificación de necesidades y nichos: Todo proceso de innovación comienza con la observación del entorno. A través de investigación etnográfica, análisis de datos y estudios de tendencias, se identifican segmentos de usuarios cuyas necesidades no están siendo atendidas por la oferta actual. Innovar es, ante todo, saber qué problema vale la pena resolver.

Generación de la idea apropiada: Con la necesidad clara, se abre la fase creativa. Herramientas como design thinking, brainstorming y mapas mentales permiten generar propuestas disruptivas sin restricciones iniciales.

“La creatividad no es improvisación, es exploración guiada”, señala Elena González, “y necesita espacio para equivocarse antes de acertar”.

Selección de ideas: No todas las ideas deben avanzar. En esta etapa se priorizan aquellas con mayor viabilidad técnica, escalabilidad, coste razonable y valor diferencial frente a la competencia.

El uso de matrices de evaluación permite tomar decisiones estratégicas con mayor objetividad.

Concreción de ventajas competitivas: Cada idea debe traducirse en beneficios claros. Estos pueden ser funcionales (mejor rendimiento o usabilidad), simbólicos (valores, identidad) o económicos (mejor relación costo-beneficio). Definir este “plus” es clave para construir una propuesta sólida y diferenciada.

Determinación del público objetivo: Definir el buyer persona permite diseñar productos más precisos y relevantes. Hábitos de consumo, estilo de vida y expectativas guían decisiones sobre funcionalidades, estética, precio y comunicación. Un producto bien segmentado es un producto con mayor probabilidad de éxito.

Estudio de la competencia: Se analizan las debilidades de los productos existentes para evitar replicar modelos saturados y construir una identidad propia. Conocer fortalezas y debilidades de otros productos te ayuda a evitar errores comunes y encontrar oportunidades invisibles para otros. En este análisis, incluimos posicionamiento, canales de distribución, estrategias de comunicación y percepción del usuario.

Creación del modelo de negocio: Un diseño innovador necesita un modelo que lo sostenga. Canales de venta, estructura de costes, estrategia de precios y alianzas estratégicas forman parte de una ecuación que define la viabilidad del producto a largo plazo..

Prototipado y desarrollo iterativo: El prototipo permite validar hipótesis antes de escalar. A través de pruebas, feedback real y ajustes constantes, se minimizan errores y se optimiza la experiencia de uso. Aquí cobran relevancia conceptos como el MVP (Producto Mínimo Viable) y metodologías ágiles como SCRUM.

Plan de marketing y narrativa: No basta con lanzar un producto; hay que saber contarlo. La estrategia de comunicación debe destacar los beneficios diferenciales y construir un relato que conecte emocionalmente con el usuario, generando expectativa y deseo.

Lanzamiento y medición: El producto llega al mercado con una planificación logística y mediática clara. Tras el lanzamiento, la medición de resultados y la recolección de insights permiten realizar ajustes estratégicos y asegurar su evolución.

La innovación no surge de manera espontánea. Es el resultado de un proceso estructurado, colaborativo y centrado en el usuario.

En palabras de Elena González, “diseñar productos en 2026 implica asumir una responsabilidad real, cada decisión impacta en cómo las personas viven, trabajan y se relacionan con la tecnología”.

A nivel económico, la economía creativa ya es un motor global. La UNCTAD señala que su contribución oscila entre el 0,5 % y el 7,3 % del PIB según el país, empleando hasta el 12,5 % de la fuerza laboral. En 2022, las exportaciones de servicios creativos alcanzaron 1,4 billones de dólares, con un crecimiento del 29 % desde 2017, mientras que los bienes creativos superaron los 713 mil millones de dólares.

Además, McKinsey & Company proyecta que el 50 % de los ingresos globales en 2026 provendrán de productos, servicios y modelos de negocio que no existían en 2023, confirmando que la innovación ya no es opcional, sino un requisito de supervivencia.

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Economia

El desempleo subió en Colombia a 9,4% en agosto de 2026, según reporte del Dane

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El mercado laboral colombiano mostró un deterioro en agosto al registrar una tasa de desocupación de 9,4 %, superior al 8,6 % observado en el mismo mes del año pasado, confirmó el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE.

En el informe se establece que la tasa global de participación se ubicó en 63,3 %, por debajo del 63,9 % registrado un año atrás. Los resultados evidencian una menor dinámica laboral tanto en el total nacional como en los principales centros urbanos.

El DANE reveló que en Colombia los ocupados ascienden a 23.6 millones, desocupados 1.4 millones y los inactivos 15.1 millones.

El reporte establece que el número de personas ocupadas en el país cayó en 126.000 durante el último año, al pasar de 23,81 millones a 23,69 millones. Los sectores que más incidieron negativamente en el empleo fueron las industrias manufactureras, que perdieron 240.000 puestos de trabajo, seguidas por las actividades artísticas y de entretenimiento (-102.000) y la agricultura (-91.000). En contraste, el comercio y reparación de vehículos sumó 150.000 ocupados, mientras que la administración pública, educación y salud agregó 96.000 trabajadores.

Por ciudades, Quibdó registró la mayor tasa de desocupación del país con 23,8 %, seguida por Cartagena (14,4 %) y Sincelejo (12,9 %). En el otro extremo, las menores tasas se observaron en Bucaramanga (7,3 %), Medellín (7,5 %) y Bogotá D.C. (7,9 %), ubicándose por debajo del promedio nacional de 8,5 % para el trimestre móvil junio-agosto.

El DANE también informó que la población fuera de la fuerza laboral alcanzó los 15,16 millones de personas en agosto. Más de la mitad de estas personas se dedicaban a oficios del hogar (53,9 %), mientras que el 23,5 % estaba estudiando.

 

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Racionamiento de gas por daño en SPEC LNG reducirá su capacidad a 400 millones de pies cúbicos

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*La prioridad es atender «hogares, hospitales, colegios, transporte masivo».

El Ministerio de Minas y Energía de Colombia anunció este viernes un racionamiento del suministro de gas natural, una «medida preventiva y temporal» tras una avería en la única planta de regasificación del país.

«La demanda esencial tendrá la máxima prioridad», aseguró el ministerio en un comunicado, que cita «hogares, hospitales, colegios, transporte masivo» entre los usuarios incluidos en esta categoría.

Luego se atenderá la generación térmica, «las industrias necesarias para garantizar el abastecimiento de las refinerías» y, por último, «los demás usuarios con contratos vigentes», según la disponibilidad.

«Debido a una condición técnica presentada en la infraestructura de regasificación de SPEC LNG, se ha declarado un racionamiento programado de gas natural, ante la reducción temporal de la capacidad de entrega de gas importado», explicó el ministerio.

La SPEC LNG es la única terminal de regasificación de gas natural licuado (LNG) de Colombia y está situada en Cartagena, aunque otra empezará a operar en noviembre en la costa del Pacífico.

Su papel es clave en la seguridad energética del país ya que actualmente alrededor del 30 % del gas que se consume en Colombia proviene del extranjero y debe pasar por esta planta.

SPEC LNG informó que las tareas de reparación llevarán siete días, hasta el 1 de octubre, y que mientras tanto la infraestructura reducirá su capacidad a 400 millones de pies cúbicos al día.

El ministerio agregó que en el momento en que se supere la falla «y se restablezcan las condiciones necesarias para recuperar la capacidad de entrega de gas importado», se levantará el racionamiento, que en principio tiene alcance nacional.

Igualmente señaló que mantiene un «seguimiento permanente a la situación» y se comprometió a difundir «las instrucciones adicionales que sean necesarias para garantizar la adecuada aplicación de las medidas y la continuidad del servicio».

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La nueva tendencia de TikTok que está cambiando el negocio de las flores en Colombia

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● El 38% del consumo de flores en entornos urbanos se destina al autocuidado y bienestar personal, según el estudio El Valor Estratégico de la Inutilidad Útil (2025-2030) de OBS Business School.

● La temporada de Amor y Amistad se consolida como un importante motor del sector floral en Colombia, duplicando las ventas en floristerías mientras se integra con nuevos picos de demanda digital como las flores amarillas del 21 de septiembre.

Las flores están dejando de ser únicamente un regalo para convertirse en una categoría de consumo asociada con el bienestar, la decoración, la identidad personal y las nuevas formas de relacionarse. El cambio en los hábitos de los consumidores está abriendo un nuevo mercado para la industria floral colombiana, justo en uno de los meses de mayor movimiento comercial del año.

Amor y Amistad es uno de los principales motores de esta dinámica. De acuerdo con Fenalco Bogotá, esta celebración puede generar un incremento cercano al 30% en las ventas de sectores como restaurantes, hoteles, supermercados y accesorios frente a un fin de semana normal, mientras que para las floristerías el aumento supera el doble.

Pero este año el tradicional pico de septiembre llega acompañado de un fenómeno nacido en las redes sociales: las flores amarillas del 21 de septiembre. La tendencia, amplificada principalmente por TikTok e Instagram, convirtió una referencia de la cultura pop en un nuevo ritual de consumo y amplió el calendario de oportunidades para las floristerías y productores.

Este dinámico escenario local coincide con los hallazgos del informe “El Valor Estratégico de la Inutilidad Útil: Analizando el Futuro de la Industria Floral (2025-2030)”, elaborado por las profesoras Lucía Somalo y Claudia Núñez de OBS Business School. El estudio posiciona a Colombia como el segundo exportador mundial del sector y resalta que la floricultura genera 240.000 empleos formales al año en el país.

De acuerdo con el análisis de OBS Business School, el mercado de las flores no solo crece en volumen, sino que experimenta una transformación en el significado que le otorgan las nuevas generaciones. La flor ha dejado de ser un producto genérico o un regalo exclusivo para ocasiones especiales, pasando a convertirse en un “objeto cultural” cargado de narrativa, estética e identidad personal.

Las autoras del informe identifican que esta evolución en el comportamiento del consumidor ha reescrito las reglas tradicionales del sector a través de dos grandes tendencias:

● Bienestar personal y autocuidado: Comprar flores para uno mismo se ha normalizado al punto de representar ya el 38% del consumo total en núcleos urbanos. Las flores han pasado a competir directamente con experiencias de bienestar e interiorismo, funcionando como reguladores emocionales en el hogar.

● Aumento y «desgenerización» del público masculino: El estudio revela que las ventas dirigidas al mercado masculino crecieron un 22% en el último año. “Esta desgenerización del consumo floral puede duplicar el público objetivo del sector. El hombre deja de aparecer únicamente como comprador de flores para otra persona y comienza a convertirse también en consumidor final, interesado en la estética, el bienestar y la decoración de sus propios espacios”, afirman Lucía Somalo y Claudia Núñez, autoras de la investigación de OBS Business School.

El informe advierte que este auge comercial convive con una fuerte presión en la cadena de suministro. Aunque el mercado global de la flor cortada se valoró entre 31.000 y 39.000 millones de dólares al inicio de 2025, los costos operativos en los principales hubs logísticos subieron un 12% interanual, dejando el beneficio neto de las floristerías minoristas en márgenes críticos de entre el 3% y el 5%.

Para hacer frente a esta realidad, las investigadoras señalan que la clave del éxito estará en la autenticidad y la sostenibilidad. El 74% de los consumidores de la Generación Z considera que la transparencia sobre la huella de carbono es un factor decisivo al elegir una marca floral por encima del precio.

“El éxito de la industria floral dependerá de su capacidad para reconciliar su ‘inutilidad útil’, su profundo valor simbólico y emocional, con una realidad logística eficiente y un compromiso ético. Solo las marcas que demuestren una autenticidad consistente con el mensaje que comunican lograrán prosperar en este nuevo paradigma”, concluyen Somalo y Núñez.

De este modo, Colombia enfrenta una oportunidad histórica, aprovechar la solidez de fechas clave como Amor y Amistad y el impulso de las tendencias digitales, ofreciendo un producto que responda a un consumidor cada vez más exigente con el origen, la sostenibilidad y el impacto ambiental de sus compras.

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