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Miguel Rodríguez Orejuela pide libertad en Estados Unidos: está demente

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*Un hombre que alguna vez dirigió uno de los carteles más poderosos del mundo, hoy no recuerda ni dónde está.

Miguel Rodríguez Orejuela fue uno de los máximos líderes del cartel de Cali, organización criminal que dominó el tráfico de cocaína en los años 90 y llegó a controlar gran parte del mercado hacia Estados Unidos. Fue acusado de conspiración para importar drogas y lavado de dinero a gran escala. Tras su captura en Colombia, fue extraditado a Estados Unidos en 2005 y en el 2006 se declaró culpable, recibiendo una condena de 30 años de prisión.

Desde la prisión Federal Correctional Institution de Big Spring, en Texas Miguel Rodríguez Orejuela, exjefe del cartel de Cali, pide su libertad alegando una condición devastadora: su mente se está apagando.

Según el documento presentado ante la Corte de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Florida, por sus abogados Brandon Sample y Joshua S. Danz, el exnarcotraficante de 82 años sufre demencia vascular avanzada, al punto de vivir completamente desconectado de la realidad.

Entre los episodios más impactantes descritos por su defensa, aseguran que Rodríguez se despierta en la madrugada convencido de que está en Colombia y les pide a otros reclusos que le consigan un taxi para ir a Bogotá.

En otros momentos, cree que está huyendo de las autoridades en las montañas, cuando en realidad permanece en una celda. También presenta delirios paranoides: está convencido de que otros presos intentan envenenar su comida, lo que ha obligado incluso a personal médico a vigilarlo mientras come.

Los reportes médicos citados en la solicitud son contundentes. Un escáner cerebral reveló daño estructural irreversible, producto de múltiples infartos cerebrales. Además, su deterioro es tal que ni siquiera puede identificar lesiones en su propio cuerpo, como cuando fue atendido por una inflamación severa en la mandíbula, sin recordar qué le ocurría.

La defensa sostiene que ya no puede cuidarse por sí mismo, que olvida tomar sus medicamentos y que su estado mental lo ha convertido en una persona completamente dependiente.

A esto se suma un dato clave: evaluaciones médicas se habrían realizado en inglés, idioma que no comprende, lo que pone en duda la calidad del seguimiento clínico dentro de la prisión.

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