Columna de Opinión
Devocional autoría de Wulfran Rosendo Acuña Martínez.
E-mail: wacmar26@hotmail.com
Frase inicial
“La pregunta no es si Cristo vendrá a buscarnos; la pregunta es si estaremos tan ocupados con nuestra vida que no reconoceremos que es Él quien llama a nuestra puerta.”
Texto base
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”
(Apocalipsis 3:20).
Introducción
A menudo nos preguntamos qué sucedería si Cristo regresara a la tierra.
Pensamos en los gobiernos.
Pensamos en las naciones.
Pensamos en las iglesias.
Pensamos en los poderosos.
Pero rara vez pensamos en algo mucho más sencillo y mucho más cercano.
¿Qué haríamos si Cristo llegara esta noche a nuestra casa?
No rodeado de ángeles.
No descendiendo entre nubes.
No manifestando su gloria.
Sino como un desconocido que toca la puerta.
Como un viajero cansado.
Como alguien que necesita ayuda.
Como una persona que requiere nuestra atención cuando estamos ocupados.
¿Lo reconoceríamos?
Parábola del hombre ocupado
Un hombre había trabajado durante todo el día.
Finalmente llegó a su hogar.
La comida estaba servida.
Su familia lo esperaba.
Su descanso había comenzado.
Entonces llamaron a la puerta.
Molesto por la interrupción decidió no abrir.
Al día siguiente escuchó que un anciano había recorrido varias casas buscando ayuda.
Nadie quiso atenderlo.
Años después comprendió algo doloroso.
No fue el anciano quien perdió una oportunidad.
Fue él.
Porque algunas visitas no llegan para recibir algo de nosotros.
Llegan para revelar quiénes somos realmente.
Cuando Cristo interrumpe nuestros planes
Es fácil seguir a Cristo en los momentos de inspiración.
Es más difícil seguirlo cuando altera nuestra agenda.
Cuando estamos cansados.
Cuando estamos ocupados.
Cuando estamos disfrutando de nuestro descanso.
Cuando estamos cerrando un negocio importante.
Cuando estamos atendiendo una reunión.
Cuando creemos que tenemos asuntos más urgentes.
Sin embargo, los Evangelios muestran una realidad constante.
Jesús aparecía precisamente en los momentos inesperados.
Junto al pozo.
A la orilla del camino.
En una barca.
En una comida.
En una boda.
En una casa.
En una cárcel.
En un hospital de la época.
En medio de la necesidad humana.
La voz que las ovejas reconocen
Jesús declaró:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
Esta afirmación siempre me ha llevado a reflexionar.
Porque reconocer una voz requiere intimidad.
Nadie reconoce la voz de un desconocido.
La reconoce porque la ha escuchado muchas veces.
Porque la conoce.
Porque ha aprendido a distinguirla entre muchas otras voces.
La verdadera preparación para encontrar a Cristo no consiste únicamente en conocer doctrinas.
Consiste en conocer su voz.
Reflexión Teológica
Dios nunca ha sido un extraño para quienes caminan con Él.
Desde Génesis hasta Apocalipsis observamos un patrón constante.
Dios llama.
El hombre responde.
El problema nunca ha sido la ausencia de Dios.
Con frecuencia ha sido nuestra incapacidad para reconocerlo cuando se presenta de una manera distinta a la que esperábamos.
Reflexión Psicológica
La mente humana desarrolla rutinas.
Construimos horarios.
Creamos prioridades.
Defendemos nuestros espacios de comodidad.
Y muchas veces aquello que nos brinda estabilidad también puede volvernos menos sensibles.
Podemos estar tan concentrados en nuestras obligaciones que dejamos de percibir lo que realmente importa.
No siempre rechazamos a Dios por rebeldía.
A veces simplemente estamos demasiado distraídos.
Reflexión Sociológica
Vivimos en una sociedad acelerada.
Todo debe producir.
Todo debe generar resultados.
Todo debe ser rentable.
La eficiencia se ha convertido en una virtud.
Pero el Reino de Dios opera bajo principios diferentes.
A veces una conversación vale más que una transacción.
A veces una persona vale más que una agenda.
A veces una necesidad humana vale más que un negocio millonario.
Reflexión sobre la Iglesia Primitiva
Los primeros cristianos comprendían algo extraordinario.
Cada encuentro podía convertirse en una oportunidad para servir a Cristo.
Por eso hospedaban viajeros.
Visitaban enfermos.
Atendían viudas.
Socorrían necesitados.
No porque esperaran reconocimiento.
Sino porque entendían que servir al prójimo era servir al Señor.
Reflexión sobre la Iglesia Actual
La Iglesia moderna enfrenta un desafío distinto.
Tenemos más información que nunca.
Más estudios.
Más recursos.
Más medios de comunicación.
Pero la pregunta permanece.
¿Somos igualmente sensibles a la voz de Dios?
Porque podemos conocer mucha teología y aun así ignorar el llamado del Espíritu.
Reflexión del Autor
Confieso que este pensamiento me ha acompañado muchas veces.
¿Qué ocurriría si Cristo pasara frente a mí y no lo reconociera?
¿Qué ocurriría si me hablara y yo estuviera demasiado ocupado para escucharlo?
¿Qué ocurriría si me llamara mientras estoy defendiendo mis propios planes?
No temo perder una discusión.
No temo perder una posición.
No temo perder reconocimiento.
Temo que mi orgullo, mi comodidad o mis propias prioridades me impidan seguirlo cuando Él me llame.
Porque al final de la vida ninguna victoria terrenal tendrá valor si perdimos la oportunidad de caminar con Él.
Conclusión
Quizás Cristo no llegue a nosotros como imaginamos.
Quizás aparezca en forma de una necesidad.
De una conversación.
De una oportunidad para servir.
De una persona que requiere ayuda.
De una interrupción inesperada.
De un acto de compasión.
Por eso la verdadera pregunta no es si Cristo nos conoce.
La verdadera pregunta es si nosotros conocemos suficientemente su voz para seguirlo cuando nos llame.
Porque nada es más importante.
Ningún cargo.
Ninguna riqueza.
Ningún negocio.
Ninguna posición.
Ninguna comodidad.
Nada
Frase final
“El mayor éxito de la vida no consiste en alcanzar poder, riqueza o reconocimiento. El mayor éxito consiste en reconocer la voz de Cristo cuando llama y tener la humildad suficiente para dejarlo todo y seguirlo».
Wulfran Rosendo Acuña Martínez