Las calles de varios sectores del sur de Caucasia y la entrada al puente Carlos Lleras Restrepo, así como en Campo Alegre, parecían en la mañana de este miércoles 25 de marzo tierra arrasada. Asemejaban cualquier calle de Beirut o El Líbano, países azotados por cruentos conflictos bélicos.
No se hiperboliza cuando se dice que el caos y la destrucción se han apoderado del otrora hermoso municipio de Caucasia, epicentro desde hace ya diez días de un paro minero que muchos consideran irracional e inhumano porque se ha incurrido en la violencia y el terrorismo.
Ambulancias con enfermos han llevado también del bulto. Buses con pasajeros apedreados. Locales comerciales saqueados. Humildes canoas de pescadores incineradas. No hay Ley, no hay códigos de honor en esta barbarie que sacude al Bajo Cauca Antioqueño.
Los enfrentamientos entre la Policía Antidisturbios y los exaltados se han vuelto el pan de cada día de los nobles y pujantes caucasianos. Hoy, esa ciudad con cerca de 120 mil habitantes, está prácticamente sitiada y secuestrada por hordas de violentos.
Cerca de la rotonda, en el sur de Caucasia, encapuchados incendiaron anoche una tractomula. Ignoraron las súplicas del conductor que con lágrimas en los ojos les pedía que no lo dejaran sin el sustento de su familia.
Minutos antes de esa acción terrorista, otro grupo de criminales quemó un tractocamión en la entrada al Puente Carlos Lleras Restrepo. La misma escena. Violencia e inhumanidad de los delincuentes ante el clamor de un padre de familia para que no le destruyeran su medio de ganarse la vida
Uno de los sectores más golpeados por esta ola de violencia que golpea de manera inmisericorde a Caucasia es el turismo. Más de 90 vehículos han sido vandalizados.
A eso hay que agregar lo más grave: más de 20 conductores y pasajeros han resultado heridos por piedras lanzadas por los vándalos.
Y lo más inhumano: ambulancias que transportaban enfermos han sido atacadas a piedras por hordas de revoltosos, en un claro irrespeto a las normas internacionales que establecen que las misiones médicas deben transitar sin restricciones ni ataques armados.
Ese el triste panorama que se vive hoy en Caucasia, una ciudad de gente buena, cuya paciencia parece se está agotando ante tanto vandalismo desaforado.
El gremio minero, por su parte, insiste en un paro que ha perdido apoyo de sus propias bases y de la comunidad.
Anoche el municipio de El Bagre y el sur de Caucasia eran verdaderos campos de batalla y terror. Hoy reina la incertidumbre, el miedo en un pueblo noble y trabajador que no se merece estar azotado por estos hechos de violencia irracional.
Muchos exigen la presencia de las Fuerzas Militares para recuperar el orden público en el Bajo Cauca, especialmente en Caucasia. Es muy probable que en las próximas horas se generen noticias desde el Ministerio de Defensa en ese sentido.