La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) concedió la exoneración de persecución judicial a 11 exintegrantes del Batallón de La Popa, en Valledupar. Los uniformados estaban vinculados con varios casos de ‘falsos positivos’, el de una niña Wiwa y el de un joven Kankuamo, quienes fueron presentados como bajas en combate en el departamento del Cesar.
¿Por qué la JEP concedió la exoneración a estos militares?
Sin embargo, de acuerdo a como está previsto por el tribunal, luego de aportar verdad, reconocer su responsabilidad y comprometerse con la reparación del daño, la JEP les concedió el beneficio de renuncia a la persecución penal, lo que implica la extinción de sus antecedentes judiciales y disciplinarios.
¿Qué ocurrió en el caso del Batallón La Popa?
El caso que los involucra es uno de los episodios más delicados de los ‘falsos positivos’ en la costa Caribe. Los hechos ocurrieron el 9 de febrero de 2005, cuando Nohemí Esther Pacheco Zábata, una niña Wiwa de 13 años, y Hermes Enrique Carrillo Arias, un joven Kankuamo de 23 años, fueron secuestrados por la patrulla Dinamarca Uno del Batallón La Popa.
La Jurisdicción además conoció que estos fueron trasladados a pie hasta una zona retirada del corregimiento El Mojao, donde fueron asesinados. Posteriormente, los militares manipularon la escena del crimen para hacerlos pasar como guerrilleros dados de baja en combate.
Los comparecientes admitieron su responsabilidad durante audiencias públicas realizadas en junio y diciembre de 2024. Allí, el militar Alejandro Angulo confesó haber disparado contra Hermes cuando éste estaba desarmado y en estado de indefensión.
“Lo encontré debajo de un caño, sin camisa, como rezando. Cuando me vio, se sorprendió y, desafortunadamente, disparé mi arma”, relató en su testimonio. Deimer Cárdenas Martínez también reconoció haber disparado contra ambas víctimas y ambos describieron cómo plantaron armas y manipularon la escena para encubrir el crimen.
A pesar de haber sido hallados responsables de estos hechos, la JEP determinó que no tuvieron un rol decisivo en la planeación ni en la ejecución del patrón criminal del Batallón, por lo que no fueron catalogados como máximos responsables.