Ningún huracán ha tocado tierra en el Atlántico con más violencia que con la que este martes lo hizo Melissa, una tormenta descomunal que tocó tierra en Jamaica con vientos sostenidos de casi 300 kilómetros por hora.
Las advertencias sobre el potencial catastrófico de Melissa, que se espera que provoque además inundaciones históricas, se acumulaban por parte de las autoridades locales y también los servicios meteorológicos de EE.UU., ante la amenaza que suponía el huracán.
La tormenta tocó tierra por la costa suroeste del país, convertida en un huracán de categoría 5 -la más alta-, con vientos de 185 millas por hora (297 kilómetros por hora) y con rachas esperadas de más de 200 millas por hora (320 kilómetros por hora).
El huracán ‘Melissa’, a horas de golpear Jamaica, deja ya los tres primeros muertos. Según ha confirmado el ministro de Salud, tres muertes han tenido relación directa con la caída de árboles o el trabajo con ellos.
Desde que se tienen registros de huracanes en el Atlántico, solo dos han tocado tierra con esa fuerza: Dorian, en 2019, cuando desembarcó en las islas Ábaco de Bahamas; y el llamado huracán del Día del Trabajo, que arrasó los Cayos del sur de Florida en 1935 (entonces todavía no se ponían nombres a las tormentas).
Los antecedentes de estos huracanes son muy preocupantes. Dorian destrozó el territorio de Bahamas más afectado, con 13.000 casas destruidas o dañadas en Ábaco, inundaciones catastróficas, decenas de muertos y casi 300 desaparecidos. En los Cayos, se calcula que aquel huracán monstruoso dejó 423 fallecidos.
La preocupación en Jamaica es que la violencia de Melissa puede afectar a zonas con más habitantes, como puede ser el caso de Montego Bay, la cuarta ciudad del país, y que está en las inmediaciones del rumbo esperado del huracán. Según estimaciones de la Cruz Roja, el impacto de Melissa podría afectar a 1,5 millones de personas.
«Jamaica, este no es el momento de ser valientes», insistía Desmonmd McKenzie, ministro de Gobierno Local de Jamaica, encargado de la coordinación de la respuesta al huracán. «No apostéis contra Melissa, es una apuesta que no podemos ganar», insistía McKenzie en la petición a la población que saliera con tiempo de las zonas más afectadas o que encontrara refugio.
Lo hacía en un momento en el que, como él mismo reconoció, muchos refugios seguían vacíos, en una señal de que parte de la población podría no haber seguido las exigencias de las autoridades.
«Esta es la última oportunidad de proteger vuestra vida», insistía el Servicio Meteorológico Nacional de EE.UU. en un mensaje a los residentes de Jamaica, antes de que impactara el huracán.
La amenaza de Melissa se prolongará en otra isla, en Cuba, donde se espera que en la madrugada del miércoles atraviese su extremo oriental, en las inmediaciones de la segunda ciudad del país, Santiago de Cuba, con medio millón de habitantes.
Las autoridades han ordenado allí la evacuación de cerca de 900.000 personas ante la amenaza de un huracán que será el peor en embestir esta región en muchos años.