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Desmantelan red de militares que vendía armas a grupos criminales

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El caso expone la magnitud de la infiltración en las fuerzas armadas y la sofisticación de las operaciones ilegales en la región Caribe

Una investigación reveló la participación de uniformados en el desvío de material bélico hacia organizaciones armadas ilegales, lo que ha encendido alarmas sobre la infiltración y corrupción en las fuerzas armadas del país.

El descubrimiento de una red de militares colombianos que facilitaban el tráfico de armas y municiones a grupos criminales ha generado preocupación sobre la seguridad nacional.

La investigación, que involucra a uniformados con amplia experiencia y acceso privilegiado a material bélico, destapó una trama de corrupción y alianzas entre miembros del Ejército y organizaciones como los Pachenca, el ELN y disidencias de las Farc.

El proceso investigativo, liderado por la Policía, la Fiscalía y la Contrainteligencia Militar, se inició con el objetivo de identificar y denunciar a militares que colaboraban con redes de tráfico de armas.

Documentos judiciales detallan cómo estos uniformados, asignados al batallón de ingenieros de Valledupar, utilizaban su experiencia y acceso a los depósitos de municiones para desviar material de guerra.

Entre los implicados destaca el soldado Rendón, conocido como alias el Viejo o Pinocho que, con más de quince años de servicio y reputación de experto en manejo de munición, se convirtió en pieza clave de la red.

Documentos judiciales detallan cómo soldados con acceso privilegiado a depósitos de municiones vendían arsenal a bandas como los Pachenca, mientras la Fiscalía investiga el alcance de la red y el lavado de dinero asociado.

Rendón contactaba a grupos armados ilegales, entre ellos el ELN, las disidencias de las Farc y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra (los Pachenca), para ofrecerles munición de uso militar. Las pesquisas de la Policía Judicial determinaron que el soldado vendía cartuchos calibre 5.56 a 10.000 pesos cada uno, y que el proceso de transacción seguía los protocolos de las mafias: ambas partes intercambiaban videos mostrando los fajos de billetes y las municiones para garantizar la seriedad del negocio.

Alias el Viejo no actuaba solo. La información obtenida por el medio destacado indica que otros militares colaboraban en la extracción y desvío del armamento, lo que llevó a los investigadores a afirmar que “se puede hablar de varios funcionarios (militares) implicados en esta actividad criminal”.

La relación entre los militares y los Pachenca se consolidó a través de alias el Veterano, que servía de enlace con alias Pinocho, jefe de la estructura criminal. Un tercer involucrado coordinaba los pagos y la entrega del material.

En ambos casos, se desconoce la identidad de Alias el Veterano y la identidad de esa tercera persona que se encargaría de realizar el pago y entrega de las armas.

Cuando el suministro de armas desde el Ejército resultaba insuficiente, los Pachenca recurrían a la compra de armamento extranjero para mantener su capacidad de fuego en la disputa territorial contra el Clan del Golfo, especialmente en la Sierra Nevada y La Guajira.

La red criminal extendió sus operaciones más allá de las fronteras colombianas. Alias el Veterano, recientemente capturado, estableció contactos en Florida (Estados Unidos) y organizó envíos de armas a través de rutas que incluían Costa Rica, República Dominicana y Venezuela.

La logística se apoyaba en enlaces en Maicao, de los cuales seis ya fueron detenidos, y en lancheros que transportaban el armamento por Nazareth y Uribia, donde se acopiaba antes de su entrega final.

Uno de los episodios más significativos ocurrió en abril, cuando los Pachenca realizaron una transacción en altamar: diez fusiles Barrett, de fabricación estadounidense y capacidad para derribar aeronaves, fueron intercambiados por media tonelada de cocaína.

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